Jueves, 03 de Noviembre de 2016 13:31

 

 

 

HASTA EL MOMENTO NO EXISTEN EVIDENCIAS CIENTÍFICAS

QUE PERMITAN RELACIONAR EL GLIFOSATO Y EL CÁNCER


Ante los cuestionamientos al glifosato y su categorización como probable cancerígeno por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), la Autoridad Europea en Seguridad de los Alimentos (EFSA) reevaluó dicho herbicida y contradijo al IARC declarando que “la evidencia no proporciona ningún dato creíble que sugiera una relación entre el glifosato y el cáncer” http://www.efsa.europa.eu/en/press/news/151112

Además, coincidió con la reciente evaluación de la Agencia Reguladora del Manejo de Plagas de Canadá (PMRA), concluyendo que: “… el glifosato no demuestra propiedades carcinogénicas ni mutagénicas, y que tampoco tiene efecto tóxico sobre la fertilidad, la reproducción o el desarrollo embrionario.”

Las conclusiones de estas destacadas instituciones se suman a los estudios de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA) de Estados Unidos, el Instituto Alemán de Evaluación del Riesgo (BfR) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre otros, que  indican que el glifosato no presenta un potencial carcinogénico, y que el uso correcto del producto es seguro y no presenta riesgos. También las agencias regulatorias de los 140 países donde está aprobado su uso, confirman la seguridad del producto.

El panel de la EFSA y de expertos de los órganos de evaluación de riesgos de los estados miembros fijó una dosis máxima de referencia para el glifosato que no debería ser superior a 0,5mg / kilo de peso corporal.  Asimismo, EFSA utilizará estos "nuevos valores toxicológicos" cuando reexamine junto con los estados miembros en 2016 los límites máximos de residuos de glifosato en los alimentos.

Richard Garnett, presidente del Grupo Especial de Trabajo sobre Glifosato (GTF, por sus siglas en inglés), declaró que “la conclusión de la EFSA representa otro hito en el proceso de reevaluación del glifosato por parte de las autoridades regulatorias europeas, y confirma las evaluaciones anteriores completadas por autoridades regulatorias en todo el mundo, todas las cuales han sistemáticamente concluido que la aplicación de glifosato no implica un riesgo inaceptable para los seres humanos, los animales o el medio ambiente”.

Teniendo en cuenta las conclusiones de la EFSA, la Comisión Europea redactará un informe de revisión, seguido de una Reglamentación con una propuesta que se pondrá al voto de los representantes de 28 estados miembros durante el Comité Permanente de Plantas, Animales, Alimentos y Forraje durante los próximos meses


Repercusiones en Latinoamérica

En un artículo publicado el 17 de noviembre último por Mauricio Rodríguez, Director de Asuntos Científicos de CropLife Latin America, se señala que:

Desde marzo de 2015, se generó un intenso debate internacional por causa de un reporte de la IARC (Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer), entidad adscrita a la OMS (Organización Mundial de la Salud), en el cual se clasificó al glifosato como “probablemente carcinogénico”. El debate sirvió para crear confusión y miedo en el público general.

El informe de marzo es parte de una larga lista de productos que la IARC priorizó para someter a clasificación entre el período de 2015-2019.

Pero el pasado 12 de noviembre, EFSA, la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria, publicó un nuevo reporte en el que concluye que el glifosato “es improbable que revista peligro carcinogénico a los humanos”, en un estudio más completo y riguroso que contradice y desvirtúa aquel publicado por IARC hace 6 meses. Esta conclusión de EFSA se suma a las que ya habían ofrecido desde tiempo atrás diferentes agencias de similar rigurosidad y reputación a nivel internacional, tales como la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y el Instituto Federal Alemán para Evaluación de Riesgo (BfR). Desde 1991, EPA ha publicado periódicamente revisiones sobre estudios epidemiológicos que, consistentemente, demuestran que no hay evidencia que demuestre la carcinogenicidad de ese producto.

Parte de la confusión y la diferencia de criterios entre IARC y otras agencias internacionales radica en que la agencia de la OMS hace revisiones parciales de la literatura desde una óptica de peligrosidad y no de riesgo. Para ilustrar este punto imaginemos que nos damos un baño en una tina, aunque existe peligro de ahogarse en ella, el riesgo real de que esto suceda es muy bajo. Para complicar aún más las cosas, IARC ha diseñado su propio sistema de clasificación de agentes o sustancias a partir de la cual todos aquellos agentes que evalúan se consideran automáticamente carcinogénicos. Su clasificación incluye 5 categorías que van desde la más baja, “probablemente no carcinogénico”, hasta la más alta, “carcinogénico para humanos”. IARC tampoco realiza investigación propia para sus clasificaciones, sino que recluta asesores externos quienes se reúnen durante una semana en sus instalaciones para decidir sobre la clasificación de varios agentes dentro de un tiempo limitado y considerando un número igualmente limitado de estudios científicos que se preseleccionan porque sugieren la carcinogenicidad de los agentes a clasificar.


Grupo 1

Carcinogénico para humanos

118 agentes

Grupo 2A

Probablemente carcinogénico para humanos

75

Grupo 2B

Posiblemente carcinogénico para humanos

288

Grupo 3

No clasificable sobre su carcinogenicidad para humanos

503

Grupo 4

Probablemente no carcinogénico para humanos

1

Es así como, hace pocos días, IARC publicó otro reporte en el que clasifica a la carne como “probablemente carcinogénica”, en la misma categoría que había ubicado al glifosato, al malatión y al DDT, pero, más grave aún, a las carnes procesadas como “carcinogénicas para humanos”, en la misma categoría que el arsénico y el plutonio.

La metodología de clasificación de IARC sufre de serias limitaciones y causa confusión en las autoridades y el público general que confían incuestionablemente en la seriedad e idoneidad de una agencia que adscribe de la OMS.

Ante esta realidad, es importante que los países de nuestra región implementen capacidades para que las agencias regulatorias conduzcan sus propios estudios, con el más alto nivel de rigurosidad científica, que generen resultados y les permitan tener criterios propios para tomar decisiones bien informadas. Ya están los países de América Latina en capacidad de generar conocimiento y ejercer su independencia normativa y regulatoria en pro del bienestar de sus habitantes y del cuidado de la agricultura y el ambiente.”


Fuentes consultadas: Agencia AFP; Cámara Argentina de Sanidad Vegetal y Fertilizantes (CASAFE); CropLife Latin America; EFSA; Glifosato.es.